Carlos, gracias a su labia y gracia innata, optó por improvisar el día de la boda (y lo hizo fenomenal micrófono en mano) pero yo, conociendo mis nervios y vergüenzas, hice los deberes. Desgraciadamente, no aprobé el examen oral. En cuanto llegué al altar, lo primero que dije fue: "yo no hablo... no puedo".
La verdad es que no supe gestionar tantas emociones juntas. El día que amanece lluvioso, el vestido que me queda grande, ver a todo el mundo allí... Quería meterme debajo de una mesa. Así que, sintiéndolo mucho, no hablé. Pero como tengo un blog y nunca es tarde si la dicha es buena, ahí van las palabras que tecleé desde mi casa. Éstos son mis votos, y tal vez te sirvan para inspirarte y escribir los tuyos. Y aunque cueste, dilos, pues las palabras se las lleva el viento pero, hay veces en las que, sin saber por qué, las retiene la memoria y se recuerdan para siempre...
"Bueno, ya que te has puesto pajarita tendré que prometerte algo…
Como no tengo una bola de cristal,no voy a prometer amor eterno,
ni una vida sin discusiones (porque sería trola),
ni ninguna de esas cosas que se dicen por la tele.
Yo te prometo sonrisas, y también alguna lágrima...
Prometo que si algún día dejo de quererte, seré sincera,
para que puedas ser feliz con otra vida más real y completa.
Prometo intentar no tener miedo.
Y te prometo aventuras. Muchas.
Pero sobre todo,
te prometo no intentar cambiarte y no cortarte nunca las alas,
porque fue precisamente tu vuelo lo que me enamoró de ti."












































