jueves, 28 de febrero de 2013

A la hierba trepadora no le gustan las mangas...

Uno de los momentos más emocionantes en los preparativos de una boda, es el proceso de búsqueda del vestido. Al menos, debería serlo... Yo personalmente, pienso que tenía este momento sobrevalorado, quizá demasiado idealizado, y es que nada sale como una lo había imaginado...
Con toda la ilusión del mundo partía ayer en busca y captura de mi vestido. Mi primera y única visita del día fue a una tienda muy conocida por estos lares de cuyo nombre no quiero acordarme... Tan solo diré que tenía nombre de hierba trepadora... La experiencia no pudo resultar peor. Mi delito: pedir un vestido con mangas.
Ése es mi único requisito, que el vestido lleve mangas. Dato que a las tenderas causó desconcierto y no les gustó en absoluto, tal vez porque en toda la tienda no tenían ni un solo vestido de estas características. Desde ese fatídico instante en el que pronuncié la palabra maldita (mangas), todo fue cuesta abajo. La señora que me abrió las puertas de su tienda como si de Victoria Beckam se tratara, ladeando el cuello de arriba abajo para sacar cuarenta radiografías por minuto a mi modelito, ya no sonreía tanto...

Con más desgana que yo en un día con cuarenta de fiebre, me pidió que me desnudara, me pusiera el cancán, me subiera al puf y me colocara los zapatos de tacón. Inocente de mí, no pensé que hubiera que seguir este orden a rajatabla, por aquello que estudiábamos que decía que el orden de los factores no altera el producto... Pues muy confundidos debían estar nuestros profes, porque a esta señora casi se le sale el corazón del pecho al ver que iba a calzarme los tacones antes de subirme a la tarima. Reaccionando a su grito, me descalcé y subí al podium de los horrores. Esta vez sí, lo hice de forma correcta y me puse los zapatos de tacón en las alturas, poniendo a prueba mi equilibrio.
Allí estaba yo, en bragas, subida en la plataforma correctamente, rodeada de espejos, con un pañuelo tapándome la cara  que apareció súbitamente y sin previo aviso (te lo ponen en casi todas las tiendas para no ensuciar los vestidos con el maquillaje), y los brazos bien estirados hacia arriba, cuando noté cómo un vestido suave se deslizaba por mi cuerpo. Y me gustó la sensación... hasta que lo vi. Sin duda, no era mi estilo, por lo que tuve que pedirle que me sacara algo más moderno...
El vestido moderno llegó al de un minuto, y fue mucho peor. No es que el vestido fuera feo, es que me sacó uno que era totalmente incompatible con mi fisionomía, ¡un escote corazón! Para colmo, justo en el momento en el que iba a manifestar mi opinión, la agradable señora pronunció las palabras mágicas: pues chica, igual es que tienes un problema y no te ves vestida de novia...
(A ver si voy a tener que aparecer de esta guisa...)

Recuerdo que en ese momento pensé: menos mal que solo me he probado dos... Y empezó a subirme una furia contenida desde el estómago hasta la boca, y supe que tenía que salir de esa tienda cuanto antes. Así lo hice, me tapé la boca y me marché, pero no sin antes probarme un tercer vestido... Este último, ¿cómo explicaros? Digamos que me envejecía unos treinta años... Se me debió notar en la cara porque mi querida dependienta me espetó la siguiente frase: si quieres un vestido con mangas solo puede ser un vestido clásico (¡mentira y gorda!)
Mientras las dos tenderas cuchicheaban entre sí, me puse mi ropa, ¡por fin yo! Mentí descaradamente y dije que me gustaba, que me lo pensaría... Y así, abrumada con tanto vestido y dando las gracias educadamente, mis hermanas y yo hicimos mutis por el foro. Fin del primer acto. Esperemos que la siguiente vez todo vaya mejor...
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2 comentarios:

  1. jajajajajajaja! a mi me pasó lo mismo lo mismo en esa tienda!!!! además no tienen ni idea de costura! como te entiendo!!!!

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  2. Me caso en junio y fui hace un par de semanas a esta tienda que comentas. Por teléfono me trataron genial pero una vez en la tienda tuvieron una actitud muy prepotente. La verdad que salí muy triste y desanimada de la prueba. Me consuela saber que no fue algo personal y desde luego no pienso recomendársela a nadie. Felicidades por el artículo, me ha gustado mucho que compartieras esta experiencia. Gracias.

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